El poderoso sector que controla los recursos fósiles, se enfrenta a un terremoto impensado hasta hace muy poco tiempo, jaqueado por las nuevas disrupciones que amenazan su negocio  

 

El tradicional sector energético que involucra a la producción de hidrocarburos fósiles  ve con estupor la llegada de novedades disruptivas sobre el corazón de su modelo de negocios.

La otrora todopoderosa industria del petróleo no solo está bajo la lupa por su insustentabilidad y por su poder contaminante sino por una simple ecuación económica que ve amenazar su negocio: Las energías renovables, mucho más baratas y menos contaminantes, están llegando mucho más rápido de lo previsto, vienen a paso firme y ganando cada vez más espacio entre las opciones energéticas.

Las consecuencias de este cambio pueden ser gigantescas para los países que tienen como principal commodity  al Petróleo. Basta imaginar el colapso económico que se produciría en los países productores de petróleo de la OPEP, al dejar de ser este combustible fósil el producto de exportación que sostiene su economía.

Sin ir más lejos, en la República Argentina, alguna vez país autosustentable energéticamente, las provincias productoras como Chubut, Santa Cruz y Neuquén, en la cual esta última hasta corre el riesgo de no desarrollar jamás el  tan mentado yacimiento de “Vaca Muerta”, considerado el segundo yacimiento de combustible no convencional del mundo, debido a la desaceleración de la demanda del petróleo y al elevado costo de producción  de este tipo de yacimiento.

Sumado a la mala imagen de “industria netamente contaminante”, se prevé una reducción irremediable de la actividad para las próximas décadas. Un nuevo concepto de provisión de  energía está en marcha y solo queda saber cuál será la opción que abarcara el mayor aporte energético en lo que resta del siglo y en el próximo. Cada vez es más frecuente  escuchar noticias sobre avances de nuevos materiales o nuevos diseños que abarata y eficientiza el desempeño de la provisión de energía eólica y solar. Sin olvidarnos que existe un tipo de generación de energía, aún muy cuestionado, como es la energía nuclear, mediante la fusión nuclear. En Japón,  la mayor parte de la generación energética está centrada en las usinas nucleares, por el contrario, hay países, como Australia, que se oponen terminantemente a  usar la energía termonuclear como opción energética. Su peligrosidad y sus efectos letales, al igual que los subproductos que se generan, los elementos radiactivos que constituyen un problema a la hora de deshacerse de ellos, hacen de esta alternativa una opción poco convincente.

Los hidrocarburos son un recurso que implica una potencial riqueza, no constituye una riqueza real hasta que no sea debidamente extraída, explotada y comercializada, que es cuando realmente adquiere valor. De encontrarse un sustituto energético que pueda reemplazarlo completamente, su valor se desplomaría.

En el norte de nuestro país, el hallazgo de ingentes depósitos de sales de litio, junto a Bolivia y Chile, conformando un yacimiento sedimentario conocido como el “Triángulo del Litio”, prometen ser el proveedor de este mineral, indispensable para la fabricación de las baterías de los nuevos autos eléctricos. El litio constituye solo un 4 % de la batería, pero su importancia es capital para la elaboración del producto. En estos momentos, los actores políticos se están poniendo de acuerdo como encauzar este negocio que promete convertir a la región en la” nueva Arabia Saudita” de la energía. Actualmente el litio viene en su mayor medida de Australia, de donde se extrae de yacimientos no sedimentarios.

En los próximos siete años se prevé un aumento explosivo de la demanda  de litio. Hasta el mismísimo Elon Musk, dueño de la empresa de autos eléctricos Tesla envió sus emisarios a la Argentina para tejer alianzas y proveerse de material indispensable para la fabricación de baterías para sus vehículos. Algunos países de la Unión Europea ya pusieron un plazo para dejar de producir autos a combustion alrededor del año 2025.

Hoy las reservas de litio tienen un valor potencial, al igual que el petróleo de Vaca Muerta, si se desaprovecha la oportunidad de extraerlos en este momento que es cuando el mineral de litio es la principal materia prima para la fabricación de baterías y se descubre otro elemento que puede sustituirlo, se perdería una gran oportunidad de generar muchas reservas de dinero producto de la explotación del mineral. El valor de las cosas no depende de su valor intrínseco sino de su demanda actual.

Todo esto es un conjunto de pequeños engranajes que tienden a acorralar el reinado del petróleo, responsable del 15 % de la emisión de los gases contaminantes y   causantes del efecto invernadero.

La industria del petróleo es quizás, la más temida y respetada industria del planeta. Es la mayor industria lícita de generación de recursos del mundo y está presente en todos los países de manera directa o indirecta y su importancia económica es vital.

Sin embargo, el científico e inventor Seth Miller público en “Medium”, un ensayo titulado “Así es como las grandes petroleras van a morir”

Todo tiene un principio y un fin. Un día el carbón fue el eje de la revolución industrial, con centro en Inglaterra y sus minas de carbón a mediados del siglo XVIII. Luego, en reemplazo,  el petróleo nació como industria a mediados del siglo XIX en los Estados Unidos. Podemos pensar una lenta agonía para las próximas décadas, reemplazado de manera irreversible por las energías alternativas de la nueva era. La baja de los precios en los paneles solares y el avance de la tecnología de almacenamiento de energía transformaran el petróleo en un combustible de nicho.   No se puede construir una sociedad sostenible en base a una energía no sostenible.

Han pasado dos siglos del auge de los motores a explosión y combustión, sucios y ruidosos. Tesla demostró que un auto eléctrico es mejor en todo y las ciudades del futuro serán más silenciosas y limpias. Solo nos queda resolver de donde se va a sacar toda la energía que se va a necesitar para abastecer a los motores de combustión de derivados del petróleo de hoy, tema todavía no resuelto del todo.

Hoy nadie firmaría el deceso de la industria del petróleo, parece impensado su final. Sin embargo, se decía lo mismo a mediados de los 90 con las cámaras de rollo Kodak. Por ese entonces, esa compañía llego a cotizar a 30.000 millones de dólares y nadie presagiaba que un gigante así llegaría a su fin. La aparición de las cámaras digitales, sin necesidad de revelado de rollo, fue el golpe devastador para esta industria y en pocos años Kodak se fue a la bancarrota. ¿La industria del petróleo correrá la misma suerte? El tiempo lo dirá.

Categorías: Medio Ambiente

admin

Soy licenciado en Ciencias Geológicas, egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina y Máster en Ciencias Hidricas. Trabaje en exploración de hidrocarburos durante 18 años. Actualmente me desempeño como consultor en Medio Ambiente e Hidrologia.

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