Todo en el Universo es dinámico. Desde su origen, hace unos 4600 millones de años como mínimo, el Sistema Solar ha ido evolucionando a través del tiempo. Lo que vemos hoy, es propio del presente, lo que veremos mañana dependerá de factores internos y externos que harán un notable cambio en su apariencia. Aquí un intento de descubrirlas.  

 

El futuro del Sistema Solar es imprevisible, puede modificarse notablemente o puede sufrir solo pequeños cambios. En el caso de que ocurra un acontecimiento imprevisible e inesperado, tal como la llegada de un agujero negro o una estrella a su espacio, los astrónomos estiman que el sistema solar, como lo conocemos hoy durará otros pocos cientos de millones de años, tiempo en el que se espera sea sometido a su primera transformación mayor.

Los anillos de Saturno son bastante jóvenes y se calcula que no sobrevivan más allá de los 300 millones de años. Se estima que la gravedad de las lunas de Saturno gradualmente barrerá la orilla exterior de los anillos hacia el planeta y, finalmente, la abrasión por meteoritos y la gravedad de éste harán el resto, dejándolo sin sus característicos ornamentos. Otros científicos, según estudios recientes realizados sobre la base de los datos tomados por la misión Cassini-Huygens muestran que los anillos podrían durar aún varios miles de millones de años más.

 

En Neptuno, quizá dentro de 1,4 a 3,5 miles de millones de años a partir de ahora, Tritón, una de las lunas de Neptuno, que está actualmente en una lenta órbita retrógrada, (en declive alrededor de su compañero), caerá bajo el límite de Roche de Neptuno, tras lo que su fuerza de marea hará la luna pedazos, pudiendo crear un amplio sistema de anillos alrededor del planeta, similar a los anillos de Saturno.​

 

Debido a la fricción de la marea contra el lecho marino, la Luna está gradualmente drenando el momento rotacional de la Tierra; esto, a su vez, causa que la Luna lentamente se retire de nuestro planeta, a una tasa de aproximadamente 38mm por año. Mientras esto ocurre, la conservación del momento angular hace que la rotación del planeta disminuya, haciendo los días más largos por aproximadamente un segundo cada 60 000 años. En alrededor de 2 mil millones de años, la órbita de la Luna alcanzará un punto conocido como “resonancia de giro y órbita”, y tanto la Tierra como la Luna estarán sincronizados por sus mareas. El periodo orbital de la Luna, igualará el periodo de rotación de la Tierra y un lado de ésta apuntará eternamente hacia la Luna, justo del mismo modo que un lado de la Luna actualmente apunta hacia ella.​

La Luna lentamente se está alejando de nosotros. Llegará un día que su órbita cumplirá las condiciones para su “escape” y nos abandonara para siempre, internándose hacia los confines del Cosmos, o cayendo hacia el Sol, o colisionando con algún cuerpo del propio Sistema Solar.

El caso de Phobos, satélite de Marte, de forma irregular, cuyo radio medio es de 11 kilómetros,  ​siempre presenta la misma cara a Marte, debido al anclaje por marea ejercido por el planeta. Orbita a unos 6000 kilómetros de la superficie marciana, lo que le convierte en el satélite del sistema solar más próximo a su planeta.​ Estas fuerzas de marea crean una desaceleración en Phobos, perdiendo su velocidad orbital, lo que ocasionará que colisione dentro de unos 50 a 100 millones de años con Marte, o bien se produzca su desintegración y formación de un anillo alrededor del planeta.​

NASA / Viking 1 Orbiter – composite

 

Evolución solar

 

El Sol se está haciendo más brillante a una tasa de más o menos el diez por ciento por cada mil millones de años. Se cree que dentro de mil millones de años, provocará un efecto invernadero descontrolado en la Tierra que hará que los océanos empiecen a evaporarse por el calor que abrasara el planeta y hará “hervir” el agua de los océanos que escapara al exterior.

 

Toda rastro de vida sobre la superficie se extinguirá, aunque la vida podría sobrevivir en los océanos más profundos; Algunos opinan que finalmente nuestro planeta podría parecerse a Titán, la mayor luna de Saturno, hoy: una región ecuatorial cubierta por campos de dunas, con fuertes tormentas ocasionales descargando allí y creando depósitos fluviales, y la escasa agua líquida existente concentrada en los polos, el resto perdida a la atmósfera y destruida allí por la radiación solar.​

 

Dentro de aproximadamente 3500 millones de años, nuestro planeta alcanzará condiciones en su superficie similares a las que tiene el planeta Venus hoy en día; los océanos hervirán por completo, y toda la vida, en las formas conocidas, será inviable. En simultáneo, la temperatura de Marte se elevará, y el dióxido de carbono congelado y el vapor de agua en su superficie empezarán a sublimarse.​

 

Dentro de alrededor de seis mil millones de años, las reservas de hidrógeno dentro del núcleo del Sol se habrán agotado. Entonces comenzará a utilizar aquellas en sus capas superiores menos densas y, en más o menos 7600 millones de años se convertirá en una gigante roja y fría, con su área de superficie muy incrementada.

Cuando esto ocurra, el Sol se expandirá y absorberá a Mercurio y Venus y posiblemente también La Tierra.​

Se estima que el Sol permanezca en una fase de gigante roja por alrededor de cien millones de años, alcanzando un diámetro de unas 256 veces mayor al que tiene ahora —1.2 UA—, y una luminosidad más de 2300 veces superior. Durante este tiempo, es posible que en mundos alrededor de Cinturón de Kuiper, y en astros tales como Plutón y su luna Caronte, la temperatura superficial se haga lo suficientemente adecuada para que la superficie congelada se convierta en un océano líquido que podrían alcanzar condiciones similares a aquellas requeridas para la vida. ​

 

El sistema solar continuará tal como lo conocemos hasta que todo el hidrógeno del núcleo del Sol sea convertido en helio, situación que tendrá lugar dentro de unos cinco mil millones de años. Esto marcará el final de la secuencia principal del Sol. En ese momento el núcleo colapsará y la producción de energía será mucho mayor que en el presente. Las capas exteriores se expandirán unas doscientas sesenta veces su diámetro actual, hasta que se convertirá en una gigante roja. El gran aumento de su superficie hará que esté muchísimo más frío, del orden de 2600 K.​ Se cree que el Sol en expansión hará vaporizar a Mercurio y Venus y volverá la Tierra inhabitable al mover la zona de habitabilidad más allá de la órbita de Marte, quizá sea el momento de habitar el  planeta rojo para intentar sobrevivir. Por último, el núcleo estará lo bastante caliente para fusionar el helio y el Sol quemará helio durante un corto tiempo más. El Sol no tiene la suficiente masa para comenzar la fusión de elementos pesados, y las reacciones nucleares en el núcleo disminuirán. Las capas exteriores se perderán en el espacio en forma de nebulosa planetaria, devolviendo parte del material con el que se formó el Sol, enriquecido con elementos pesados como el carbono, al medio interestelar y transformándose en una enana blanca con la mitad de la masa original del Sol y el tamaño de la Tierra, un objeto extraordinariamente denso.

 

La Tierra poco antes de su fin

Al momento que el sol empiece su etapa final, habrá consecuencias dramáticas para la Tierra; prácticamente toda la atmósfera se perderá en el espacio debido a un potente viento solar y la temperatura de la superficie terrestre, puede sobrepasar en algunos momentos los 2000°.​ La proximidad de la superficie estelar al sistema Tierra-Luna hará que la órbita lunar se vaya cerrando hasta que la Luna esté a alrededor de 18 000 kilómetros de la Tierra (el límite de Roche), momento en el cual la gravedad terrestre destruirá la Luna convirtiéndola en unos anillos similares a los de Saturno. Pero, el fin del sistema Tierra-Luna es incierto y depende de la masa que pierda el Sol en ésos estadios finales de su evolución, como también del momento que se produzca el final del Sol, puede ocurrir que antes de que esto suceda, la Luna se aleje gradualmente tanto de la Tierra que se escape al espacio exterior, dejando de orbitar alrededor de la Tierra.

 

Estudios Recientes afirman que la Tierra será absorbida y destruida por el Sol, tras ser tragada por el mismo a causa de la abrasión y vaporización producida por su caída en espiral hacia el centro solar en un proceso que llevará apenas unos 200 años,​ aunque también existe la posibilidad de que sobreviva y de que el mencionado roce producido por el movimiento de la Tierra, primero dentro de la atmósfera solar y luego dentro del Sol, despoje a nuestro planeta de sus capas externas, quedando solamente su núcleo.

Finalmente, el helio producido en la superficie solar, caerá de vuelta al núcleo, incrementando la densidad hasta que alcance los niveles necesarios para fundir el helio y transformarlo en carbono. El flash del helio ocurrirá entonces y el Sol se encogerá abruptamente y su luminosidad descenderá de manera brusca, al caer su fuente de energía de nuevo a su núcleo. La fusión de helio en carbono durará solamente 100 millones de años, mientras que alrededor del núcleo seguirá fusionándose el hidrógeno en helio. Finalmente tendrá que recurrir de nuevo a sus reservas en sus capas exteriores y recuperará su forma de gigante roja convirtiéndose en una estrella gigante, siendo entonces aún mayor y más luminosa que en su época de gigante roja (hasta más de 200 veces mayor y más de 5000 veces más brillante). Esta fase durara otros 100 millones de años, después de los cuales, sobre el curso de otros 100 000 años, las capas exteriores del Sol desaparecerán, expulsando un gran flujo de materia en el espacio y formando un halo conocido como una nebulosa planetaria. El Sol es demasiado pequeño como para transformarse en supernova.

 

Si el planeta sigue existiendo por entonces, los habitantes de la Tierra, si seguimos vivos, podremos observar un incremento masivo en la velocidad del viento solar, pero no lo suficiente como para destruir a la Tierra completamente.

 

Finalmente, todo lo que quedará del Sol será una enana blanca, un objeto caliente, sombrío y extraordinariamente denso; de la mitad de su masa original pero con sólo la mitad del tamaño de la Tierra. Si fuera visto desde la superficie terrestre, sería un punto de luz del tamaño de Venus con el brillo de cien soles actuales, aunque disminuyendo rápidamente.​

 

Cuando se produzca la muerte del Sol, su empuje gravitacional hacia los planetas, cometas y asteroides que lo orbitan, se debilitará. Las órbitas de la Tierra y de otros planetas se expandirán. Cuando el Sol se convierta en una enana blanca, se alcanzará la configuración final del sistema solar: La Tierra y Marte (si todavía existen), orbitarán respectivamente a 1.85 y 2.80 AU. Todo nuestro sistema solar se alterará drásticamente. Éstos, y todos los otros planetas, se congelarán como cáscaras oscuras, heladas y sin vida. Quizás continúen orbitando, con su velocidad reducida debida a su mayor distancia del Sol y a la menor gravedad del mismo. Ese cambio de las órbitas planetarias también producirá que las de asteroides y cometas se inestabilicen hasta el punto de que algunas de ellas pueden llevar a dichos cuerpos tan cerca de la enana blanca solar que sean destruidas por las fuerzas de marea de ésta, produciendo un anillo de restos a su alrededor.​

 

Luego de dos mil millones de años más tarde, el carbono en el núcleo del Sol se cristalizará, transformándose en un diamante gigante. Por último, luego de trillones de años más tarde, se desvanecerá y morirá, cesando de brillar completamente.​

 

Otros eventos que ocurrirán en el futuro:

Dentro de tres a cinco mil millones de años, (con el Sol aún en su secuencia principal), La Nebulosa de Andrómeda se acercará a nuestra galaxia para, terminar colisionando y fundiéndose con nuestra Vía Láctea. Si bien, ello podría afectar a nuestro sistema solar como un todo, es muy poco probable que pudiera afectar al Sol o a los planetas dada la gran distancia a la que están las estrellas unas de otras, incluso en el caso de una colisión galáctica. Sin embargo, es muy probable que el sistema solar sea expulsado de su posición actual y acabe en el halo de la galaxia recién formada o en una combinación de ambas.

 

Con el paso del tiempo, y ya con el Sol apagado y convertido en una enana negra, las posibilidades de que una estrella se acerque al sistema solar y arruine las órbitas planetarias irán aumentando. Si no se cumplen los escenarios que apuntan a un Big Crunch o a un Big Rip, La gravedad de las estrellas que hayan pasado cerca de éste habrán conseguido quitarle al Sol sus planetas, si aún los conserva. Si bien todos ellos podrían sobrevivir aún mucho más tiempo, ello marcará el fin de nuestro sistema solar en el sentido en el que lo conocemos, en el caso de que no sean tragados todos los planetas en las etapas finales por las que vaya atravesando nuestro Sol.

Todo tuvo un principio y también todo tiene un final, solo depende de tiempo.

 


admin

Soy licenciado en Ciencias Geológicas, egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina y Máster en Ciencias Hidricas. Trabaje en exploración de hidrocarburos durante 18 años. Actualmente me desempeño como consultor en Medio Ambiente e Hidrologia.

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