Cuando saboreamos un plato de salmón rosado, de exquisito sabor y buena presentación, debemos saber que su color verdadero es gris y el color rosado-anaranjado que lo hace tan impactante se lo debe a un agregado colorante artificial y debemos conocer que su carne esta  inyectada con una cantidad de antibióticos que puede ser nociva para la salud.

 

Si imaginamos un salmón pescado en algún rio de Alaska, por ejemplo el rio Kodak, seguramente estamos hablando de un ejemplar criado en estado salvaje, con todas las propiedades que le confiere haberse criado en un ambiente natural, con una alimentación basada en componentes naturales, lo que lo convierte en un plato realmente exquisito.

El salmón proveniente de Alaska es 100 por ciento silvestre y se encuentra entre los alimentos más saludables que el hombre tiene a su disposición. Existen cinco especies de salmón en Alaska: real, plateado, rosado, chum y rojo. El salmón rojo del río Copper de Alaska, ha logrado la categoría de boutique en los supermercados de Norteamérica, es un ejemplar delicioso. Parte del motivo por el que el salmón es tan sabroso es debido al enérgico ejercicio que hacen en el proceso rio arriba de desove. Los salmones nacen en arroyos y luego nadan hacia el océano y pasan su adolescencia en el mar. Cuando ya están preparados para reproducirse, vuelven al arroyo o al río donde nacieron para desovar, luego del cual, mueren. Las hembras de salmón del río Yukón, en su camino a las cabeceras extremas de los ríos en el territorio de Yukón, Canadá, viajarán más de 2000 millas de río durante un período de dos meses.

El salmón es un pez del genero Salmo, familia de los salmónidos, que habita las aguas del Atlántico, viven en  el mar, pero se reproducen en los ríos aguas arriba, por lo tanto son peces eurihalinos, aunque existen especies que solo viven en aguas dulces de Europa y Asia.  Su alimentación consiste en camarones, pequeños crustáceos y krill, cuando se cría en forma natural, que le confieren ese color entre naranja y rosado tan particular. Esa alimentación es rica en una sustancia llamada astaxantina. Este compuesto es el que, al acumularse en los tejidos del animal, proporciona ese vivo color rosado. La astaxantina es también la sustancia que proporciona el color rosa a los flamencos, de similar dieta. El salmón cuya carne es naturalmente anaranjada a rosa, es el salmón pescado en su propio hábitat.

El salmón  posee un alto contenido en proteínas y ácidos grasos, como el omega-3, (favorables para disminuir los niveles de colesterol y triglicéridos, aumentando la fluidez de la sangre, previniendo la formación de coágulos); con un 11 % de grasas por cada 100 gramos de carne, similar al contenido en sardinas, jurel o atún. Al igual que otros pescados, el salmón es una fuente de proteínas y ácidos grasos, por lo que es recomendable su consumo a la población.

UNO DE LOS ALIMENTOS MAS CONTAMINADOS DEL MUNDO.

Siempre que se consuma un salmón salvaje no ocurre ningún peligro para la salud. El problema está en que un ejemplar necesita 5 años de vida para alcanzar un estado para ser consumido. Para evitar recorrer este tiempo y hacer más rentable el negocio, la industria creo las factorías pesqueras, verdaderos criaderos artificiales, donde se puede contar con el recurso para ser comercializado en ¡tan solo 15 meses! Además, como si fuera poco, el color del salmón si fuera criado en granjas artificiales sin aditivos extra, es gris. La carne de salmón de color gris no es atractiva para el consumidor. Probablemente nadie querría comprar un filete de ese pescado con ese  color, pero resulta que ese es precisamente el color natural de los salmones de piscifactoría. El color rosa anaranjado es la característica identificatoria que define la tan deseada carne de salmón. El color rosa intenso que presentan los salmones de granja se agregan después a la alimentación y en cápsulas, muchos criaderos para abaratar costos no alimentan a los peces con crustáceos, sino que agregan a su dieta productos sintéticos que tiñen de forma artificial la carne del salmón.

Según la revista Science, los salmones de criadero  pueden tener altos contenidos de dioxinas. Los niveles de PCB (bifenil policlorinado) pueden ser de hasta 8 veces más elevados en los criados que en los salvajes con un contenido menor en omega-3. Los beneficios de las grasas omega-3 de origen animal son muy conocidos, el salmón es una gran fuente de este nutriente, sin embargo el salmón de piscifactoría es más parecido a la comida chatarra que a un alimento saludable. En lugar de ser una gran fuente de grasas omega-3, el salmón de piscifactoría contiene muchos más omega-6 que omega-3, lo que puede tener consecuencias muy perjudiciales para la salud, ya que la mayoría de las personas tiene deficiencia del aceite omega-3 y obtiene mucha más grasa omega-6 de lo que necesita. Se  requiere tanto grasas omega-3 como omega-6, la proporción entre ambas es importante y lo ideal es que fuera de 1 a 1.

El salmón silvestre contiene alrededor de 5 a 7 % de grasa, mientras que la variedad de piscifactoría puede contener hasta 34 %. El elevado contenido de grasa es  resultado del alto contenido de grasa que se le da al salmón de piscifactoría como alimento.

El contenido nutricional de los peces de piscifactorías es muy diferente al del salmón silvestre. Los salmones criados en cautividad suelen alimentarse de aceite y pasta de pescados más pequeños, almidón de maíz, grasas animales o levadura y soja transgénicas; (la alimentación consiste en harina de ave, harina de pescado, grasa de ave, aceite de pescado, trigo entero, harina de soya, harina de maíz con gluten, harina de plumas y aceite de colza). Un salmón silvestre jamás ha estado en contacto con ninguno de estos ingredientes. Esta dieta hace que la carne de los salmones de piscifactoría sea de un color gris claro. El color rosa anaranjado es elegido por la empresa que cría a los peces mediante suplementos alimenticios.

En Noruega, el principal alimento de los peces de granja es la anguila del mar Báltico, por su alto contenido de proteína y grasa. El Báltico es un mar muy contaminado, algunos peces tienen niveles de toxicidad muy altos y estos se incorporan a los pellets como alimentos para el salmón de cautiverio, es lo que hace que el alimento para peces sea tan tóxico.

Cerca de la capital sueca una fábrica de papel a las orillas del Báltico genera dioxinas tóxicas y otros países industrializados vierten sus desechos tóxicos en este cuerpo de agua cerrado. Las dioxinas se unen a la grasa, por lo que el arenque, anguila y salmón terminan acumulando cantidades más altas de grasa en sus cuerpos.

Muchas toxinas se acumulan rápidamente en la grasa, lo que significa que el salmón de piscifactoría absorberá más toxinas que el pescado silvestre.

Algunos contaminantes que se encuentran en la dieta de los peces, son las dioxinas, bifenilos policlorados, plaguicidas clorados, además de otros medicamentos y productos químicos. Cuando el salmón consume este alimento, dichas toxinas se acumulan en la grasa. Las concentraciones de PCB en el salmón de piscifactoría son, en promedio, 8 veces más altas que en el salmón silvestre.

El salmón de piscifactoría es 5 veces más tóxico que cualquier otro alimento analizado. En estudios de alimentación animal, los ratones alimentados con salmón de piscifactoría desarrollaron obesidad y gruesas capas de grasa alrededor de sus órganos internos. Además, también desarrollaron diabetes, lo cual nos indica lo dañino y perjudicial que puede llegar a ser consumir salmón de granja.

El consumo de salmón criado en piscifactoría  supone riesgos para la salud que disminuyen los efectos beneficiosos del consumo de pescado.

Se realizaron pruebas alimentarias donde  concluyen que el salmón de piscifactoría es uno de los alimentos más tóxicos del mundo.

Los criaderos de salmón en el mundo:

En Noruega, el salmón es la segunda fuente de ingreso luego del petróleo,

y cuenta con la mayor cantidad de salmoneras en el mundo. Es el país criador de salmónidos por excelencia.

Se comenzó a  experimentar con la cría artificial de salmón en la década del 70, en los fiordos noruegos. A esa actividad se sumaron luego, Chile, Reino Unido y Canadá.

La producción de salmones Según la Asociación de la Industria del Salmón de Chile es la siguiente:

Noruega: 43.3 %

Chile: 36%

Reino Unido: 7.6%

Canadá: 6.5%

En los EEUU, más de la mitad de los peces que se consumen son de piscifactorías. La acuicultura se proporciona como una alternativa a la sobrepesca de los mares, pero tal cual como están operando producen más problemas que los que resuelven.  Entre los diversos motivos tenemos que  para producir 1 kg de salmón de criadero se necesitan hasta 8 kg de peces silvestres, por lo que provoca una extinción inducida de especies silvestres en lugar de contribuir a preservarlas.

El hacinamiento que ocurre en las granjas de salmónidos: se pueden encontrar hasta 2 millones de  peces en un espacio muy reducido, similar a criaderos de pollos, en donde los animales están bajo condiciones bastante altas de estrés. Esta condición favorece la propagación de enfermedades entre los peces, como el piojo de mar y la enfermedad anémica infecciosa del salmón.  Esto es algo que el consumidor desconoce y aún continúa la comercialización de peces enfermos. Todos estos ejemplares terminan en nuestra mesa ignorando que estamos consumiendo productos no aptos para ser consumidos. La carne de los peces que comemos se ha convertido en un mortal cóctel químico.

Parte de la toxicidad  proviene de los procesos de fabricación de los pellets, pues los peces con mayor contenido de grasa se cocinan antes dando dos productos por separado: el aceite que tiene altos niveles de toxinas con PCB y la harina de proteína en polvo que agrega toxicidad, al incorporar un producto conocido como etoxiquina, realmente toxico, con niveles de hasta 20 veces a los niveles permitidos en frutas, verduras y carnes.  La etoxiquina, un estabilizador de caucho, que también es pesticida, conservador, antioxidante y un presunto carcinógeno que daña el ADN, se agrega en la alimentación de los salmones a través de capsulas sintetizadas industrialmente a través de microalgas cultivadas, Además según diversas investigaciones, los peces reciben antibióticos y pesticidas para evitar la propagación de enfermedades en los criaderos donde crecen hacinados. Para evitar la propagación de enfermedades, se les suministran altas dosis de antibióticos.

Por debajo de las granjas de salmón en  Noruega en aguas abiertas, hay una capa de residuos de una decena de metros de altura, llena de bacterias, drogas y pesticidas.

La de astaxantina que se agrega en las capsulas es un carotenoide, del inglés carrot (zanahoria), un pigmento natural emparentado con el licopeno, que es el la sustancia que da  color natural a algunos vegetales, como los tomates, responsables del color anaranjado de las zanahorias; en los animales, la astaxantina es una de las sustancias que da el color rojo o rosado-anaranjado a crustáceos como los camarones o los langostinos; algunos médicos aseguran que tiene propiedades antioxidantes.

En la industria nada se desperdicia. El desecho de pescado se lava y tritura para crear una pulpa, que luego se utiliza en comidas preparadas y alimento para mascotas. La cría de salmón es un desastre tanto ambiental como para  nuestra salud.

El salmón en Argentina. 

Este pescado es considerado casi un plato de lujo, se ofrece en restaurantes tradicionales, y también en las principales cadenas de supermercados del país, ya sea natural o congelados, con precios más elevados que el resto de los pescados que más se consumen en el país. Si consideramos que el nuestro no es un país que se caracterice por un alto consumo de pescado, el consumo de salmón, es casi irrelevante en la dieta argentina.

A pesar de las advertencias en contra de su consumo, el salmón es un pescado que se puso de moda desde que el sushi se hizo popular. El precio decreció y se hizo más frecuente consumirlo. En Buenos Aires todos los restaurantes lo ofrecen.

El chef francés Christophe Krywonis, conocido por ser jurado en el programa televisivo Master Chef, no oculta su mirada negativa sobre este plato, diciendo:”el salmón me da repulsión, es cinco veces más toxico que una hamburguesa de una cadena de comidas rápidas. Es lo único que no como ni ofrecería en mi restaurante”. Además dice: “El problema es que es lindo a la vista y es rico al paladar  Pero es muy graso, contiene niveles de Omega 3 más bajos que otros pescados y no es para nada sano. A mí me encantaba, lo comía siempre hasta que me empecé a informar y realmente considero que es un veneno. Contiene cantidades astronómicas de antibiótico. Su cultivo supera en horror al pollo”. Concluye: “ En Francia, piden limitar el consumo de salmón de granja, limitar no prohibir su consumo, y se recomienda a las mujeres embarazadas no comer salmón por riesgos para su embarazo. A fuerza de insistir y decir como son las cosas, puede que logremos que estas industrias billonarias modifiquen sus técnicas nocivas de producción y se mejore  la crianza como lo han sido algunos animales en tierra”.

El salmón que se consume en Argentina proviene de Chile, de donde tampoco es autóctono, sino que se introdujo hace 50 años con enormes daños ambientales. Sus efectos nocivos llegan hasta la isla de Chiloé, donde se sienten olores nauseabundos en sus costas. El negocio del salmón tiene detrás el poder del marketing, alentado por el nivel de popularidad del sushi, que es considerado un plato de moda y a un precio accesible.

Los ambientalistas aseguran que el salmón es una especie exótica y la forma de producción es contaminante y nociva para el medio ambiente y para otras especies animales. Depreda la biodiversidad nativa de otros peces. Es frecuente que cuando se introduce una especie exótica en un hábitat, termina depredando y hasta extinguiendo otras especies cohabitantes. Recordemos lo que ocurrió con la introducción del castor en la Isla de Tierra del Fuego.

La situación en Chile. 

En Chile, la principal exportación es el cobre, luego le siguen los salmones como el segundo producto de exportación con 830.000 toneladas anuales a los EEUU, Japón, Brasil, Rusia, Europa y China y representa un negocio de 4,6 billones de dólares. Mientras que a la Argentina le exporta 8100 toneladas por un valor de US$ 62 millones, que se consumen principalmente en platos de sushi.

En Chile, la industria del salmón es vital y solo se ubican detrás de Noruega en el ranking de productores mundiales. Se crían en reductos artificiales sobre el mar y suelen recibir pesticidas y antibióticos para el control de enfermedades como el piojo de mar que es la mayor plaga que padecen los salmones. El salmón contrae una enfermedad llamada ISA, pero antes de llegar al consumidor, los niveles de antibióticos son mínimos e inocuos, afirman los productores.

Proponen la instalación de salmoneras en aguas argentinas. 

El prestigioso matutino argentino “Clarín” publico una nota relativa a la posible instalación de una factoría salmonera en Argentina, cuyo artículo lo tratamos.

En marzo del 2018, los reyes noruegos Harald V y Sonia, visitaron Argentina, suscribieron un acuerdo con el gobierno de Mauricio Macri de cooperación para estudiar la factibilidad de desarrollar la cría industrial de peces en jaulas oceánicas o piletas indoors. La idea es instalar factorías  de cría de salmónidos en las aguas del Canal de Beagle y en el litoral de la provincia de Santa Cruz, en inmediaciones de San Julián en una etapa posterior.

La decisión de instalar granjas de salmón trajo aparejada una fuerte polémica y rechazo de parte de los sectores ambientalistas locales, que afirman que el salmón por tratarse de una especie exótica puede provocar graves daños a las demás especies biológicas al introducirla y puede depredar a todas las demás especies. Argumentan que desarrollar la salmonicultura en nuestro país supone pagar un costo ambiental muy alto, Se dice que la producción es sumamente contaminante, debido a las heces y pellets que se asientan en el lecho marino y pueden ser ingeridas por otras especies, como los crustáceos.

En Chile, donde funcionan  unas 400 salmoneras activas, (en la XII región de Magallanes), hay un debate muy profundo referido a este tema, ya que aseguran que la salmonicultura ha saturado el ecosistema marino.  Hay quienes no aconsejan consumir el salmón chileno por  las presuntas altas dosis de antibióticos que contendría su carne anaranjada.

Un nuevo estudio alerta sobre el salmón rosado que llega de Chile. El salmón chileno es el más consumido en el país. Según una investigación de la UADE (Universidad Argentina de la Empresa), hecha en la ciudad de Buenos Aires, la mayoría tiene antibióticos y puede afectar la salud de los que lo consumen pues la forma en que es criado lo hace muy poco saludable.

El estudio advierte que los salmones ” presentan residuos de antibióticos superiores al límite permitido por el Código Alimenticio y pueden provocar consecuencias negativas en la salud de quienes los ingieran.

El consumo de pescado per cápita en el país es de unos 7 kg anuales, aunque comenzó a aumentar con la popularización del consumo de sushi.

Se está trabajando para alcanzar una producción de entre 20 a 50 mil toneladas. A la vez que se desarrolla un estudio para evaluar la capacidad de carga de la zona y evitar los males que ocurrieron en otros países por exceso de cargas.

Consultado el SENASA, (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria), el organismo aseguró que “desde 2017 a la fecha, los salmones procedentes de Chile han arrojado resultados aptos para el consumo”, lo que contradice un estudio de la UADE de 2017, que señalaba altos contenidos de antibióticos en salmones chilenos.

En síntesis: “Incentivar la salmonicultura en el mar argentino sería un suicidio ambiental”.

Categorías: Medio Ambiente

admin

Soy licenciado en Ciencias Geológicas, egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina y Máster en Ciencias Hidricas. Trabaje en exploración de hidrocarburos durante 18 años. Actualmente me desempeño como consultor en Medio Ambiente e Hidrologia.

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