Mi nombre es Carlos Bepres. Nací y crecí en la República Argentina; actualmente resido la mayor parte del año en la ciudad autónoma de Buenos Aires y algunos meses en la localidad de Villa Giardino, Valle de Punilla, Provincia de Cordoba, Argentina. Soy Licenciado en Ciencias Geológicas, egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y me especialice en Hidrocarburos, Minería, Hidrogeología y Medio Ambiente.  Tengo una maestría en la Universidad de Barcelona (España), en  Ciencias Hídricas. Mi trabajo consistió durante 18 años en la exploración de petróleo y gas, dentro de una compañía multinacional, en diferentes yacimientos argentinos, lo que  me llevo a conocer muchos lugares de mi país. (Actualmente me dedico a la consultoria ambiental con especialización  en Evaluación de Impacto Ambiental, Hidrogeologia y Contaminación de Suelos y Aguas Subterráneas). Fue por ello que decidí crear este blog, dedicado principalmente a la difusión de la cultura ambiental, el cuidado de nuestro único medio ambiente que tenemos y debemos cuidar para nosotros y para nuestras generaciones venideras y también de nuestra calidad de vida. No tengo hijos, pero veo en cada niño o niña a un hijo de toda la comunidad, que todos debemos cuidar y dejarles un mundo más sano.

Voy a tocar limitados temas, los cuales no podrán ser tratados de manera profunda y exhaustiva en mis entradas, evitando todo tecnicismo y tratando de no tener un abordaje que llegue a ser tedioso para el lector, solo me dedicare a informar. Algunos dirían que es una simple vulgarización, aunque haya colegas que se inquieten ante la idea de vulgarizar. “Que los que se interesen por la ciencia aprendan elevándose hasta el saber; los demás, que se fastidien”. No es ese mi criterio.  Si es imposible explicar en lenguaje simple y sin la ayuda de las matemáticas la teoría de la relatividad, o la termodinámica, no ocurre lo mismo con las ciencias de la Tierra. Además la vulgarización resulta necesaria e inclusive indispensable para todos los científicos.

La palabra vulgarización, (“de rango inferior”),  tiene una resonancia más bien peyorativa, pero ha pasado a ser totalmente necesaria. Siempre debemos a ella el poder mantenernos al tanto de lo que ocurre en otras áreas del saber, tanto para el gran público culto como para los científicos de cualquier género.  Solo los artículos  y tratados denominados de vulgarización les permiten no verse limitados a su única especialidad, ignorando el resto. Este resto es apasionante y no saber nada de él, una  carencia. ¿Cómo podría el investigador saber en qué punto nos encontramos en otras especialidades que no son la suya?  La falta de tiempo para recurrir a la literatura especializada, aunque sea en un único sector, con la cantidad de notas, tratados e investigaciones, resulta imposible de leer toda esa información. La particularización cada vez más sensible de los investigadores nos hacen pensar en la siguiente definición:

“La especialización consiste en saber siempre más cosas sobre un campo cada vez más reducido. El especialista perfecto, lo sabe todo, acerca de la nada. “  

Para quienes no se resignan a renunciar a ese amplio resto, los artículos de vulgarización, siempre que sea correcta,  constituyen el único recurso para no quedar al margen del conocimiento.

Cuando se lee un artículo vulgarizador sobre una temática que no es la de la especialidad de uno, por poco bien hecha que este se la puede juzgar de excelente. Por el contrario si versa sobre lo que uno por su profesión conoce muy  bien, y no esta tan bien escrita, es fácil darse cuenta de ello.

Si no estuviese convencido de que este sitio puede aportar y ayudar a solucionar algunos de los problemas que nos aquejan como sociedad  no lo habría creado. Estoy seguro que con el aporte de cada uno hacia una comunidad mejor, lograremos hacer de este, nuestro único hogar, nuestro planeta, vamos a construir un mundo  cada vez mejor. Al menos es mi deseo y seguro el de millones de seres humanos.

 

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